martes, 13 de marzo de 2018

Por el que mas odia.



Terminadas las elecciones y cuando la Registraduría emite sus comunicados con la mayor votación individual en el nombre de Alvaro Uribe, recibo un WhatsApp que dice “Dios nos escuchó”. Se que cada quien tiene derecho a hacer la interpretación que se le ocurra sobre cómo vió el proceso electoral, pero personalmente me sorprendo de que la persona que mas votos recibe para el Senado, es el hombre que se ha pasado los últimos 8 años odiando y cuestionando todo lo que acontece en el actual gobierno. Ni siquiera logra aceptar que son las elecciones mas tranquilas en décadas, gracias al proceso de paz, donde en muchísimos lugares de Colombia se pudo votar con tranquilidad. Nada importa. El instigador del odio es el que mas votos recibe… No creo que Dios o como quiera llamarlo, esté “a favor” de esa emoción y agresividad.  Lo que sucede si, es que somos un país educado en la violencia, tenemos enquistada la ira, la intolerancia y es mas fácil resonar en esas frecuencias que en la de la conciliación y la solidaridad. El alma colombiana es violenta. El corazón de los colombianos se ha alimentado de rencor y odio: los resultados están a la vista. Sintonizar como mayoría, con el hombre que ha generado semejante cantidad de agresividad y odio, dice mas de nosotros que de él. En definitiva “la invitación” al sentimiento de intolerancia la puede hacer cualquiera, está en todo su derecho. El problema está en resonar en esa onda…

Es nuestra identidad colombiana la que está enferma. Ninguno de los que jalonaron todo este proceso midió que el problema mayor de Colombia no era la guerrilla, ni las balas, bombas, secuestros, masacres, que tanto dolor han causado. No. El problema está en la idiosincrasia, en los genes, en el ADN de ser colombianos. Y este tema “nunca” se trabajó porque definitivamente se desconocía. Como médico que ausculta al paciente detecta  el tumor en el hígado pero desatiende el tumor en el cerebro. Así nos pasa. El odio visceral de un hombre que solo destila rabia y rencor es la “onda” que mas conmueve a los colombianos. Muy diciente de por qué no sabemos conciliar, ni perdonar, ni ser solidarios.

A nivel individual él puntea aun cuando su grupo perdió un senador. Pero Iván Duque es “hijo” de su odio y debe hacerle caso al patrón. Habla de “devolverle” la esperanza a Colombia. No conocen conceptos y cifras serias que muestran que el pesimismo que ellos tanto han fomentado es mas fruto de su odio que realidad nacional.  El odio y el rencor seguirán entonces en la agenda nacional.  Sin embargo, la votación de Mockus, después de la del odio, es la mas significativa. Abre una esperanza. Es muy importante ser conscientes que estos dos senadores con mayor votación, destapan la opción de las elecciones presidenciales. El alma colombiana necesita nuevo ADN y estamos ad portas de inyectárselo. El odio y la indignación o la esperanza, conciliación y reconstrucción de la sociedad.  El candidato presidencial que siga resonando en este odio visceral, es como si nos alimentara de mierda y prometiera la opción de seguirnos revolcando en lo mismo. U oxigenamos el futuro o… el problema no será de los candidatos sino de la infinita incapacidad del sentir colombiano, de mirar la vida con optimismo y vibrando en ondas sanas y reparadoras.

Gloria H. @Revolturas

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