Terminadas las elecciones y cuando la Registraduría emite sus
comunicados con la mayor votación individual en el nombre de Alvaro Uribe,
recibo un WhatsApp que dice “Dios nos escuchó”. Se que cada quien tiene derecho
a hacer la interpretación que se le ocurra sobre cómo vió el proceso electoral,
pero personalmente me sorprendo de que la persona que mas votos recibe para el
Senado, es el hombre que se ha pasado los últimos 8 años odiando y cuestionando
todo lo que acontece en el actual gobierno. Ni siquiera logra aceptar que son
las elecciones mas tranquilas en décadas, gracias al proceso de paz, donde en
muchísimos lugares de Colombia se pudo votar con tranquilidad. Nada importa. El
instigador del odio es el que mas votos recibe… No creo que Dios o como quiera
llamarlo, esté “a favor” de esa emoción y agresividad. Lo que sucede si, es que somos un país
educado en la violencia, tenemos enquistada la ira, la intolerancia y es mas
fácil resonar en esas frecuencias que en la de la conciliación y la solidaridad.
El alma colombiana es violenta. El corazón de los colombianos se ha alimentado
de rencor y odio: los resultados están a la vista. Sintonizar como mayoría, con
el hombre que ha generado semejante cantidad de agresividad y odio, dice mas de
nosotros que de él. En definitiva “la invitación” al sentimiento de
intolerancia la puede hacer cualquiera, está en todo su derecho. El problema
está en resonar en esa onda…
Es nuestra identidad colombiana la que está enferma. Ninguno de
los que jalonaron todo este proceso midió que el problema mayor de Colombia no
era la guerrilla, ni las balas, bombas, secuestros, masacres, que tanto dolor
han causado. No. El problema está en la idiosincrasia, en los genes, en el ADN
de ser colombianos. Y este tema “nunca” se trabajó porque definitivamente se
desconocía. Como médico que ausculta al paciente detecta el tumor en el hígado pero desatiende el
tumor en el cerebro. Así nos pasa. El odio visceral de un hombre que solo
destila rabia y rencor es la “onda” que mas conmueve a los colombianos. Muy
diciente de por qué no sabemos conciliar, ni perdonar, ni ser solidarios.
A nivel individual él puntea aun cuando su grupo perdió un
senador. Pero Iván Duque es “hijo” de su odio y debe hacerle caso al patrón.
Habla de “devolverle” la esperanza a Colombia. No conocen conceptos y cifras
serias que muestran que el pesimismo que ellos tanto han fomentado es mas fruto
de su odio que realidad nacional. El
odio y el rencor seguirán entonces en la agenda nacional. Sin embargo, la votación de Mockus, después
de la del odio, es la mas significativa. Abre una esperanza. Es muy importante
ser conscientes que estos dos senadores con mayor votación, destapan la opción
de las elecciones presidenciales. El alma colombiana necesita nuevo ADN y
estamos ad portas de inyectárselo. El odio y la indignación o la esperanza,
conciliación y reconstrucción de la sociedad.
El candidato presidencial que siga resonando en este odio visceral, es
como si nos alimentara de mierda y prometiera la opción de seguirnos revolcando
en lo mismo. U oxigenamos el futuro o… el problema no será de los candidatos
sino de la infinita incapacidad del sentir colombiano, de mirar la vida con
optimismo y vibrando en ondas sanas y reparadoras.
Gloria H. @Revolturas

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