No es un tema fácil de digerir porque no tiene que ver con futbol,
corrupción, políticos o reinados de belleza. Pero, quién lo creyera, es básico
para entender (o aceptar) la condición humana. Tiene que ver con todo y ojalá al
menos una vez en la vida, nos lo preguntáramos. ¿Existe una sola verdad o
existen tantas verdades como personas existen? ¿Usted tiene una verdad y yo
tengo otra? ¿Hay una verdad universal y otra particular? ¿Debo aceptar “su”
verdad, cualquiera que sea, como usted debe aceptar la mía, independiente de
que esté o no de acuerdo con ella?
¿La verdad y la realidad son lo mismo? Las preguntas han estado
siempre sobre el tapete pero la Presidencia de Trump obligó a oxigenarlas. Y
mas ahora, cuando su equipo de trabajo en discusión con Medios que los
cuestionan, han acuñado una expresión (y un concepto) denominado “hechos
alternos” para explicar la diferencia de visiones entre lo que los Medios
muestran y lo que defienden Trump y su equipo. “Falsedades” le ripostó el
periodista. La portavoz de Trump repitió “hechos alternos”, que traducido al
lenguaje “trumpiano” significa “vemos como queremos ver y nos importa un comino
lo que ustedes ven” .
Entonces, ¿lo que usted ve y cree, lo debo respetar porque es lo
que usted ve y cree? ¿El respeto por la diferencia nos lleva a aceptar todas
las posturas posibles sobre un mismo acontecimiento? Usted lo ve blanco, yo lo veo negro ¿ambos
tenemos la razón porque ambos tenemos “nuestra” verdad? Pero¿ cuál es la verdad
“objetiva”? ¿La realidad y la verdad pueden ser objetivas después de lo que
planteó la física cuántica? ¿Tener la
razón y tener la verdad son equivalentes? ¿Quien tiene la razón tiene la
verdad? Si fuera Ministra de Educación (ni lo quiero ni lo deseo) implementaría
una cátedra denominada “Efecto Trump” porque dificulto un personaje que nos ha
llevado a pensar y reflexionar tanto en tan pocos días. Cada expresión, cada
twiter de Trump es un cuestionamiento y claro, un aprendizaje. Si vino a
enseñar como NO hacer las cosas, el modelo es extraordinario. Así como dicen
los profesores de evolución que el devenir del mundo es perfecto, Donald es
perfecto para este momento y su desarrollo. El mundo no estaba en paz pero su
“filosofía” nos removió de una zona de confort para revisar y afianzar conceptos
básicos de convivencia. Lo que Trump “ve” en su política lo cree a pié
juntillas. El no se equivoca “desde su verdad”. De allí lo difícil de un
diálogo entre “verdades” o posiciones diversas. Existen muchas personas que fueron educadas
con la creencia de una raza superior. Hay gente que cree, de verdad, que una
persona de raza negra es “inferior”. Es “su” verdad ¿se respeta o se cuestiona
y “obliga” a modificar? La post verdad, o sea la interpretación del mundo desde
lo que se me antoje ¿cómo convive con otras post verdades u otras
interpretaciones de la misma realidad? Es aquí, de carambola, donde se añora a
un profesor de Filosofía, alguien que enseñe a pensar, que de opciones de
interpretación y que sobre todo “abra la mente” y sacuda creencias. ¿Existe? ¿Podemos
seguir repitiendo lecciones sobre la verdad según Aristóteles y los griegos o
la Física cuántica nos revolcó totalmente la verdad sobre la verdad y es hora
de “volver a clase” para ampliar horizontes? ¿Dónde?
Gloria H. @Revolturas

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