miércoles, 11 de febrero de 2009

La "otra" crisis

Sí, el desempleo, las pirámides, la crisis económica, la situación de los inmuebles en Estados Unidos, la debacle de la industria automotriz, la revaluación, el precio del dólar, el del petróleo, todo apunta a hablar de la crisis que se vive en el mundo “exterior”, en el mundo material donde aquellos íconos que nos daban cierta seguridad tambalean en forma estrepitosa. Imposible desconocer el alcance de la situación. Pánico, miedo, angustia, desazón, inseguridad, son algunos de los sentimientos mas repetitivos que se viven hoy en día. En cualquier parte del mundo. Sin embargo, esta no es la única crisis. Ni siquiera la principal. Porque, a veces en forma silenciosa, “sin querer queriendo” como diría el Chapulín, estamos viviendo otra crisis de proporciones muchísimo mayores pero también de efectos muy diferentes a los del mundo material. Estamos hablando de la crisis de todas aquellas instituciones u organizaciones que se creyeron infalibles, “perfectas”, por encima del bien y del mal, que podían sustentar y sostener cualquier situación humana. Eran intocables…
El matrimonio, la religión católica, la familia, el Estado, la pareja, la educación, Alvaro Uribe, la sexualidad, cada una tambalea, “mete la pata” y ya no tiene la misma facilidad para embolatar o contar el cuento a su manera. Varias veces en esta columna, hemos hablado de la crisis de varios de estos íconos que han alimentado los “valores” de la cultura. Su desplome es evidente, estrepitoso. Crisis de credibilidad. Sin embargo las dos “equivocaciones” por decir lo menos de dos organizaciones “perfectas” en esta semana, plantean de nuevo la certeza de que todo tambalea. (Afortunadamente, diría yo). Y no porque se “goce” en verlas patinar, sino porque plantea un nuevo abordaje de valores para la condición humana, indispensables en un mundo que ya no traga entero.
Las “mentiras” o excusas del “perfecto” gobierno de Alvaro Uribe son lamentables. Claro tiene enemil hechos positivos por mostrar. Por lo mismo es inaudito que apele a “envolatarnos” como si fuéramos idiotas o niños de pecho. Los aviones volando encima del lugar de encuentro fueron una clara provocación donde pareciera (es mi interpretación) que el gobierno quiere siempre protagonismo, operaciones Jaque al por mayor. Nadie puede “ganarle” en show. Pero venimos de error en error en el tema de liberaciones: emblema de la cruz roja, falsos positivos, y ahora los aviones a veinte mil pies. También tambalea, claro porque es humano. El error es creerlo salvador, único e insustituible. El error es creer que el éxito de la operación Jaque da licencia para cualquier atropello.
Y la otra metida de pata está por el lado de la Iglesia Católica. Reivindicar a arzobispos ultraconservadores que ni siquiera aceptan la realidad del Holocausto judío y permitirles, a nombre de la Iglesia, que ofendan a todo un pueblo, es deplorable. Pero lo grave no es que se equivoquen, al fin y al cabo, son humanos. Su falla es querer envolatar con excusas que en épocas pasadas se aceptaban por ser “los representantes de Dios en la tierra”, pero que hoy por hoy cuando no se traga entero, los dejan muy mal parados. Otra institución que tambalea… en definitiva, nada es perfecto. Afortunadamente. Entonces ¿de qué me agarro? Todo aquello en lo cual hemos creído como “valor humano” está en crisis. Es hora de despertar y enfocar la mirada a donde siempre debimos mirar. ¿Sabe para dónde?

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